Acostumbrada a las palabras, como buen psicoanalista, Silvia Rubinson apela a otro lenguaje, la pintura, para hacer consciente su otro Silvia Rubinson. No apresura la imagen, ella va saliendo como lo inconsciente se va formulando. Y de ello ella sabe. Su otra profesión le ha enseñado el camino. Pero, contrariamente a lo que creen los ajenos tanto al psicoanálisis como a los procesos artísticos, cuando relacionan ambos términos, en su obra no hay nada onírico ni surreal. Su dinámica es abstracta y se construye con la franqueza de quien no oculta. La obra va saliendo articulada por el color y por el gesto -como cuando ella habla- y se va formulando con muchos adjetivos, que se manifiestan a través de su sentido colorístico y casi sin sustantivos. La única imagen que presenta -como quien nombra algo- es su propia obra. Y la otra Silvia Rubinson se parece tanto a la anterior, como un alma gemela.
Luis Felipe Noé
Bs As. 2005