“Teatro de sombras”, así denomina Silvia Rubinson esta exposición porque, tal como sucede en ese género, las sombras son verticales en lugar de horizontales u oblicuas. Pero en realidad en este caso muchas “sombras” están invertidas -como negativo de ellas- al tratarse de blanco sobre negro. Lo que llama la atención en estos “organismos” que presenta es su vitalidad. Como quien para el estudio de insectos amplía la imagen y se sorprende al verlos en gran escala por su complejidad interior, Silvia no se deja llevar por la mancha que convoca, sino que la puebla de una notable riqueza gráfica. Por esto destaco que sus manchas piensan; piensan en sí mismas. Viendo estas obras, no se por qué razón me vino la imagen de un saxofonista hablando el sonido de su instrumento. ¿Y por qué? Tal vez por su contundencia y al mismo tiempo sutileza.
En otro prólogo que escribí para una muestra suya de hace 7 años -en la cual iniciaba con pinturas abstractas el devenir público de su quehacer artístico- aludiendo a su otra actividad, la psicología, destacaba que acostumbrada a las palabras, sabía también el límite de ellas. En su obra artística evitaba y sigue evitando otra representación, que no sea la del inconsciente haciéndose consciente. Por ello ahora, sintetiza con la presencia de la mancha el análisis de su mundo interior.
Pero como señalaba en un segundo prólogo sobre su obra en 2007, luego de lo antes afirmado, aparecieron en ella figuraciones -familiares en su mayoría y a veces por el método del collage- como consecuencia de haber ayudado junto a su hermana a su padre a completar un libro sobre su historia familiar y los recuerdos de infancia y juventud en una colonia judía en Entre Ríos. Esas alusiones figurativas las acompañaba también de escrituras. Estas, más allá de sus contenidos, son dibujos. Se trata de letras que se presentaban tal como son, fuera de un pensamiento ordenado. Esa muestra la introdujo en una idea que realizó con posterioridad con su hermana Rut. Ya que el libro de su padre aludía a una inmigración determinada, tuvieron el propósito de realizar un homenaje a la inmigración en general, viniese de donde viniese, en ocasión del Bicentenario de nuestro país. Así en grandes rollos cada una encaró a su manera este desafío. Silvia lo hizo con manchas y grafismos, con o sin letras -incluso aludiendo a otros idiomas- plena de gestos sensibles, como cartas al pasado.
En esta presente exposición que se realiza en “La línea piensa”, marca otra estación en su viaje artístico. Con su poética visual ya asumida como propia, o sea como una manera de ser de Silvia Rubinson, a partir de la mancha como imagen -configurada con pigmentos, aglutinantes, agua, acrílico, carbón, grafito y mica- nos presenta una nueva forma de representación humana sin alusión alguna a su cuerpo. La corporeidad en este caso resulta de la objetivación de su subjetividad, concretada en las manchas plenas de sutilezas y dibujos interiores, o sea no como gesto expresionista sino en tanto pensamiento interior. Una de las características de esta muestra es la presencia de las imágenes divididas en dos partes, cada una en un papel diferente: continuidad pese a la interrupción, como un diálogo interior.
La belleza y la singularidad de esta muestra enuncian una artista en su plenitud.
Luis Felipe Noé
La Línea Piensa 2013